Mi empresa tiene propósito, ¿y qué?

91% de los consumidores cambiarían de marca si un competidor ofrece el mismo producto en calidad y precio, pero demuestra seguir un propósito superior de bienestar para el mundo.
— Cone Communications

Sin embargo, el punto clave aquí no es tener un propósito, sino que existan actividades claras que demuestren la materialización de este propósito superior. 

En esta nueva era de los negocios, la gran revolución que trae el concepto de “negocio consciente” presenta el descubrimiento - o re-descubrimiento - de un propósito superior como el primer paso esencial para convertirse en un negocio consciente. Es importante porque pone un norte para que todas las decisiones y acciones de la empresa puedan corregir su rumbo. Un propósito superior claro brinda transparencia en las intenciones internas de la organización y además propone un punto de partida en las relaciones que esta tiene con todos sus stakeholders.

Pero aún cuando se logra encontrar ese propósito superior y se redacta en una frase corta (tipo twitter) e inspiradora… ¡la empresa sigue exactamente igual! No ha cambiado nada en absoluto y se puede decir que se acaba de dar el primer paso en una maratón larga y llena de obstáculos. 

Muchas personas me han dicho en conversaciones de este tema; “pero es que mi empresa tiene un propósito claro desde hace años”, seguido de una frase que parece redactada por Arjona. Podrá ser muy inspirador el propósito, pero ¿y qué? La pregunta es: ¿qué hace la empresa para vivir ese propósito de forma clara? Esta pregunta normalmente viene seguida de una lista de campañas y programas con nombres románticos y llenas de historias de novela, pero la pregunta es mucho más profunda que eso. Un propósito superior bien vivido en las empresas debe cambiar la cultura organizacional por completo, la forma como creamos productos y servicios, la forma de liderar a lo interno, la interacción con el consumidor, nuestra comunicación, nuestra relación con proveedores, nuestro relación con la comunidad, la relación con el medio ambiente, la manera como pensamos en innovación, las estructuras de compensación internas, las dinámicas de trabajo de los colaboradores, las expectativas de los accionistas, nuestra planificación financiera, las decisiones de inversión, nuestra imagen, etc. 

Un propósito superior no es una frase bonita que pintamos con orgullo en las paredes de la oficina para que la gente sepa que somos una empresa “cool”. Ese propósito podría nunca mencionarse en voz alta o podría ser descrito por todos de forma diferente, porque lo más relevante es que sea una fuerza interna que nos mueve en todo lo que hacemos. Algo que tenemos como brújula pero que no necesitamos repasar como aprendiendo el himno nacional. Es sencillamente lo que somos, la razón de nuestro existir y el componente principal de lo que queremos construir en este mundo. Las campañas, programas, sistemas, certificaciones… todo eso es superficial, temporal y muchas veces artificial si no viene acompañado de un cambio total en todos los componentes de la organización.

Si su empresa no cuenta con un propósito superior, es hora de buscar el por qué de su existir; el legado que quieren dejarle al mundo. Si por otro lado, ese propósito está claro, es hora de vivirlo, de lo contrario es como poner los huevos, la harina y el azúcar sobre la mesa y esperar que se cocine el pastel sólo.

 

Sebastian Falla