¿Qué significa el Acuerdo de París para el sector privado?

El Acuerdo de París ha logrado marcar este año una gran diferencia en las décadas de evolución diplomática entorno al cambio climático. Acompañando a las arduas negociaciones, el encuentro presenció miles de personas, empresas privadas, ONGs y fundaciones internacionales que exigían un compromiso claro para mantener la temperatura de nuestro planeta a no más de 2 grados por encima del promedio pre-industrial. Como cualquier acuerdo internacional, este no se acerca a la perfección, pero si deja claras expectativas sobre la descarbonización de la economía global y los mecanismos de revisión que deberán implementarse en lo que queda de este siglo.

Adicional a los específicos del acuerdo, es importante entender varios principios que hacen de este el inicio de una nueva dinámica global:

  • Ha recibido más atención internacional que ningún otro encuentro en el tema de cambio climático, lo que claramente indica una creciente atención del público en el tema y por lo tanto, una elevada expectativa sobre el sector privado. 
  • Se promueve la creación de mecanismos nacionales para reducir la matriz de emisiones, incluyendo el incentivo a generar un precio común de carbono. Las implicaciones de un precio de carbono son difíciles de prever, pero es claro que deben venir acompañado de legislación relevante a nivel nacional. Esto podría generar nuevos mecanismos para la mitigación voluntaria en el sector privado, pero en muchos casos estará generando una inevitable reglamentación para que se internalice el costo que nuestra operación cobra al ambiente. 
  • Seguido de años enfatizando el concepto de mitigación, los procesos de adaptación al cambio climático toman un papel central, lo que probablemente generará una presión en el sector privado para cuantificar el impacto y la vulnerabilidad de sus cadenas de valor, en todos los ciclos de vida de sus productos. 
  • El financiamiento del carbono, una de las temáticas más complejas de las negociaciones en París, implicará un flujo de recursos económicos hacia los países en desarrollo que activamente generen esfuerzos de adaptación y mitigación. Aunque aun falta desarrollar mecanismos específicos en el tema, es previsible el potencial inmediato para el sector privado que participe en la generación de reducciones reales de sus emisiones. 

Siendo esta una gran simplificación de un acuerdo que trae complicadas ramificaciones, es claro el inminente impacto para el sector privado. Los mecanismos de producción tradicionales tendrán que cambiar durante la descarbonización de la economía global y es evidente que en esta nueva realidad - junto con los mecanismos que se estarán creando en los próximos años - las empresas no podrán sobrevivir sin una gestión amplia de sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), no sólo en sus operaciones propias sino también en la gran cadena de valor de la que hacen parte. 


Sebastian Falla