En los negocios, ¿es usted el pragmático o el necio?

En los negocios, como en la vida, existen momentos en los que las cosas se ponen especialmente difíciles, donde encontramos barreras y los problemas nos persiguen. Es inevitable, el éxito no tiene garantía ni se vive en una carrera continua hacia la cima. 

Cuando pensamos en las personas más exitosas o en las empresas líderes de cada industria, ellos parecen tener un oráculo mágico que les muestra el camino. Sin embargo, de las historias de éxito solo escuchamos el aplauso final, el eco del descorche celebratorio y la ruptura de la cinta que se extiende sobre la meta final. Rara vez entendemos las lagrimas del camino, los zapatos que se gastaron antes de la carrera y las múltiples caídas que estas personas y empresas tuvieron que sufrir para fortalecer sus habilidades, para engrosar su resiliencia y para domar el poder de sus ambiciones.

Con tan incompleta visión sobre el éxito, tendemos a hacer planes en el vacío y controlado ambiente de nuestra inventiva. Creemos que para el éxito es necesario ser positivos y que el positivismo es asumir que nuestros planes serán ejecutados como se dibujan en la seguridad de nuestras aspiraciones. 

“Todo el mundo tiene un plan, hasta que recibe un golpe en la cara”
— Mike Tyson

Tener una mentalidad positiva es necesario en la vida como en los negocios, pero asumir que todo saldrá bien y acorde al plan, es ingenuo y peligroso. Los que visten las heridas de la batalla en los negocios saben con claridad que el positivismo ciego es para necios. Los planes hacia el futuro se deben evaluar constantemente y todas las avenidas deben explorarse con pragmatismo. 

“Nada le pasa al hombre sabio en contra de sus expectativas, ni todas las cosas resultan para él como le gustaría sino como ha calculado que sucedan - y sobre todas las cosas, él ha calculado que algo eventualmente bloqueará sus planes”
— Seneca

Cerrando el Siglo XX, Gary A. Klein presentó al mundo de los negocios una herramienta de análisis llamada el “Pre-Mortem”; un juego de planificación estratégica que busca administrar las expectativas frente a un proyecto y gestar con antelación planes correctivos a posibles problemas. El ejercicio no busca hacernos pensar en qué podría salir mal, sino que nos pone mentalmente en el escenario futuro en el que ya todo salió mal, para poder explicarlo con el detalle de una autopsia médica, sin necesidad de esperar a realizar el procedimiento en la realidad. 

He utilizado el “Pre-Mortem” con decenas de clientes en el pasado pero ,sin atribuírselo a Gary Klein, como con otras cosas que parecen novedosas cuando se ponen de moda, este ejercicio ya se usaba hace unos dos mil años. Los Estoicos lo conocían como premeditatio malorum (pre-meditación de los males); un ejercicio que busca encontrar todas las posibles formas en las que algo saldrá mal, con la intención de diseñar planes de contingencia, administrar expectativas y reducir el efecto que algo puede traer en el camino. 

Nadie quiere ser así de pragmático cuando se diseñan estrategias hacia el futuro, en el mayor de los casos porque culturalmente confundimos el pragmatismo con negativismo y nadie quiere ser el “aguafiestas”. Sin embargo, prever las barreras del camino no resta en absoluto a nuestra mentalidad positiva hacia el futuro. “Esperar lo mejor y prepararnos para la peor” es una frase algo cliché que las personas dan por hecho pero pocas veces aplican. En la vida y en los negocios, lo peor que puede pasar no es que algo salga mal, porque algo saldrá mal en algún momento, lo peor que puede pasar es que algo salga mal y te agarre de sorpresa. 

Ahora, antes de cerrar el tema dejando a algunos negativos dándose golpes de pecho, no olvidemos que en ocasiones las estrategias más exitosas y revolucionarias requieren de “saltos de fé”. Recordemos que para romper fronteras es necesario dar un paso hacia lugares desconocidos, donde la palabra “imposible” normalmente la borran las huellas de aquellos que se atreven a tratar cosas diferentes. Es un balance necesario, el prever las piedras del camino, aun asumiendo que los riesgos son necesarios. Pero no por comprar un seguro médico deberían considerarme hipocondriaco. 

 

Sebastian Falla