RSE vs Negocios Conscientes

Cuando hablamos de negocios conscientes y de encontrar un propósito superior, la pregunta más frecuente viene respecto a la relación del concepto con la Responsabilidad Social Empresarial/Corporativa (RSE). Desde nuestra perspectiva les presentamos las 7 principales diferencias:

1. La visión sobre el impacto

La RSE tradicional nos dice que una empresa crea valor para sus clientes y genera un impacto negativo al hacerlo, siendo responsabilidad de la empresa medir este impacto, reducirlo y neutralizarlo. Por otro lado, un negocio consciente entiende esto como la responsabilidad de cualquier negocio y un requisito básico para operar, pero después de cumplir con su responsabilidad se enfoca en maximizar su impacto positivo en el mundo. Un negocio consciente no requiere de nada adicional para ser responsable, porque en sí mismo serlo lo define parcialmente.

2. La visión conceptual

El modelo de Triple utilidad funcionó originalmente como una herramienta para comprender el abalance y equilibrio entre las diferentes acciones e impactos de una organización con su entorno. Lastimosamente, este modelo propone una intersección limitada entre cada pilar, mientras que un negocio consciente reconoce que el negocio es un producto social, de una sociedad que es un producto natural. 

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3. Buenas acciones vs acciones con propósito

En la RSE tradicional, las buenas acciones son todas deseables. Gracias a esta visión, vemos programas filantrópicos, que aunque bien intencionados, no tienen relación con el negocio. En un negocio consciente existe un propósito superior claro; la razón de ser del negocio y el legado que quiere dejarle al mundo, mediante el cual todas las acciones de la organización son medidas para garantizar coherencia.

4. La respuesta del entorno

El consumidor no aplaude a una empresa solo por cumplir con su responsabilidad (RSE). Por otro lado, los negocios conscientes logran crear movimientos detrás de sus marcas porque generan conexión a través de valores emocionales, con una historia clara de lo que representan; un propósito superior.

5. La respuesta interna

Son más los colaboradores que tuercen los ojos al escuchar RSE que los que los abren con emoción. La gente no entiende cómo los programas de RSE facilitan su trabajo o lo hacen más efectivo sino que lo ven como una carga adicional - con sus excepciones. En los negocios conscientes, la cultura palpita a través de un propósito superior que la define. Todos saben que su puesto existe en función del cumplimiento de ese propósito y no es sólo una actividad anexa.

6. La forma de medir el éxito

La curva de aprendizaje ha sido larga y hemos querido crear una bandera de llegada en esta carrera por la RSE. Tenemos una fijación obsesiva por las certificaciones, que se convierten en un fin por si mismas. En un negocio consciente - aun con todas las certificaciones de la A a la Z - el éxito se mide de una forma más orgánica; no hay una línea de llegada final, sino que hay un camino claro en el que el premio no es un certificado, sino el valor agregado que brindamos a todos nuestros stakeholders en función de nuestro propósito central.

7. La relación con el modelo de negocio 

Desde que se empezaron a crear departamentos y gerencias de RSE, el potencial de impacto real fue sacrificado por una estructura tradicional. Creamos un divorcio del concepto con el modelo de negocio, en el que la RSE apoya y sirve como guía, pero no lo afecta significativamente. Un negocio consciente se define en la cultura interna y no en una estrategia independiente. El propósito superior de un negocio consciente vive en todo lo que la empresa hace, de tal forma que el modelo de negocio se adecua a lo que el propósito dicta y no al revés. 


La RSE es una herramienta conceptual y metodológica que nos permite cumplir con lo que es responsabilidad directa para cada negocio, pero un propósito superior nos permite dar un paso adicional y re-definir nuestro legado, de tal forma que maximicemos nuestra huella positiva en el mundo y alcancemos un nivel superior de consciencia.


Sebastian Falla